Montería

Seguridad en modo preventivo: los controles reforzados que buscan blindar la Navidad y ponen a prueba la capacidad institucional

El refuerzo de los controles de seguridad durante la temporada navideña no es un hecho aislado ni una simple formalidad operativa: es una respuesta directa a uno de los momentos más sensibles del calendario social, cuando la movilidad aumenta, las aglomeraciones se multiplican y los riesgos, tanto delictivos como accidentales, se incrementan de manera significativa. En este contexto, la decisión de intensificar la vigilancia en puntos estratégicos, como terminales de transporte y zonas de alta afluencia, refleja una lectura preventiva de la realidad urbana y regional.

La Navidad concentra una dinámica particular. Miles de personas se desplazan para reencontrarse con sus familias, el comercio se activa con mayor fuerza y el espacio público se convierte en escenario de celebraciones colectivas. Esta combinación, aunque positiva desde lo social y económico, también abre la puerta a delitos oportunistas, desórdenes y situaciones que ponen en riesgo la convivencia. Por ello, la presencia visible de las autoridades cumple una doble función: disuadir conductas ilegales y generar una percepción de protección entre los ciudadanos.

Desde una mirada periodística, el refuerzo de controles no debe analizarse únicamente como un despliegue de uniformados, sino como una prueba de coordinación institucional. La eficacia de estas acciones depende de la articulación entre Policía, autoridades de tránsito, organismos de emergencia y administraciones locales. Cuando esa coordinación existe, los resultados suelen traducirse en reducción de incidentes y mayor control del territorio; cuando falla, el operativo corre el riesgo de convertirse en un gesto simbólico, más enfocado en la imagen que en el impacto real.

Otro elemento clave es el enfoque preventivo. Los controles de seguridad en temporadas festivas no solo buscan reaccionar ante el delito, sino anticiparlo. Revisión de antecedentes, control de equipajes, vigilancia en accesos y salidas, y acompañamiento a viajeros son medidas que apuntan a minimizar riesgos antes de que se materialicen. En ese sentido, la seguridad deja de ser una acción reactiva y se transforma en una estrategia de contención y cuidado colectivo.

Sin embargo, estos refuerzos también ponen sobre la mesa un debate recurrente: la temporalidad de las medidas. La pregunta que surge es inevitable: ¿por qué la presencia del Estado se intensifica solo en fechas especiales? Para muchos ciudadanos, la Navidad evidencia una paradoja: la seguridad que se reclama durante todo el año parece alcanzable cuando existe voluntad política, recursos y planificación. Esto invita a reflexionar sobre la necesidad de extender buenas prácticas más allá del calendario festivo.

La percepción ciudadana juega un papel central. En contextos donde la inseguridad es una preocupación constante, ver a las autoridades activas y visibles genera tranquilidad, pero también expectativas. El reto está en sostener esa confianza con resultados medibles y con un trato respetuoso hacia la población, evitando excesos que puedan derivar en incomodidad o vulneración de derechos.

En conclusión, el refuerzo de los controles de seguridad en Navidad es una medida necesaria y, en muchos casos, efectiva, pero no suficiente por sí sola. Su verdadero valor radica en demostrar que la prevención, la coordinación y la presencia institucional pueden marcar la diferencia cuando se aplican con criterio y continuidad. Más allá de garantizar unas fiestas tranquilas, estos operativos dejan una lección clara: la seguridad no debe ser un privilegio de las temporadas especiales, sino un compromiso permanente con la vida, la movilidad y la convivencia ciudadana.

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