Colombia

Un temblor al filo del año: el sismo que sacudió al Putumayo y nos recuerda la fuerza de la tierra

Justo cuando Colombia se preparaba para despedir un año más, un breve pero perceptible movimiento telúrico sacudió el departamento del Putumayo la tarde del 31 de diciembre de 2025. Un sismo de magnitud moderada que, aunque no dejó daños materiales ni víctimas, recordó con fuerza que vivimos en un territorio geológicamente activo y que la tierra bajo nuestros pies nunca está completamente en silencio.

Los sismos son fenómenos naturales que ocurren por el desplazamiento de las placas tectónicas que conforman la corteza terrestre. En el caso de Colombia, esta posición geográfica privilegiada y compleja —en la convergencia de la Placa Sudamericana con la Placa de Nazca y otras microplacas— hace que temblores de diversa intensidad sean parte de nuestra cotidianidad. El movimiento en Putumayo no fue una excepción: con un epicentro cerca del municipio de San Francisco y una profundidad superficial, las vibraciones se sintieron con claridad en varias localidades del sur del país.

Aunque la magnitud quedó dentro de un rango que no suele causar destrucción, el sismo provocó reacciones inmediatas entre quienes lo sintieron. Desde la sorpresa inicial hasta la llamada casi instintiva a familiares y amigos para confirmar si también lo habían percibido, estos episodios interrumpen la rutina y nos ponen en alerta sobre la dinámica interna del planeta. Sobre todo en una fecha simbólica como el último día del año, cuando la mayoría está concentrada en celebraciones y planes, la tierra nos recuerda que su actividad no entiende de calendarios.

La experiencia vivida en Putumayo sirve también para resaltar la importancia de la preparación y la cultura de prevención en Colombia. En regiones con actividad sísmica conocida, la educación sobre cómo actuar antes, durante y después de un temblor es fundamental para minimizar riesgos y daños. Saber identificar zonas seguras dentro de casa, estar atentos a réplicas o mantener un plan familiar de emergencia son prácticas que, aunque simples, pueden marcar una gran diferencia cuando ocurre un evento natural inesperado.

Pero el impacto de estos movimientos va más allá de lo físico: también tienen un componente emocional. Sentir el suelo moverse puede generar inquietud, ansiedad o incluso temor, especialmente en quienes no están familiarizados con este tipo de fenómenos. La reacción humana frente a un sismo —desde la calma hasta la alarma— varía según la experiencia previa, la cercanía al epicentro y el grado de percepción individual.

Más allá del susto momentáneo, el sismo en Putumayo invita a reflexionar sobre nuestra relación con la naturaleza y nuestra vulnerabilidad ante sus fuerzas. No se trata solo de prepararse para lo inevitable, sino de comprender que vivimos en un planeta dinámico, donde cada placa, falla geológica o movimiento interno tiene un impacto directo en nuestra vida cotidiana.

Finalmente, aunque el temblor no alteró las festividades de fin de año de manera significativa, sí dejó una enseñanza clara: estar informados y preparados no es una exageración, sino una responsabilidad compartida. Colombia es una tierra de contrastes, belleza y diversidad, pero también de actividad sísmica. Recordar esto, incluso en los días de celebración, es parte de construir una sociedad más resiliente y consciente de su entorno natural.

#CANAL CORDOBA

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