La ofensiva en el Amazonas contra ‘Iván Mordisco’: un pulso decisivo del Estado en el corazón de la selva

La reciente operación militar desarrollada en el Amazonas colombiano contra la estructura armada liderada por alias “Iván Mordisco” marca un nuevo capítulo en la compleja lucha del Estado contra las disidencias de las antiguas FARC. Más allá de los resultados inmediatos —muertos en combate, capturas, incautación de armamento y rescate de menores reclutados—, este hecho revela una disputa profunda por el control territorial, político y económico de una de las regiones más estratégicas y vulnerables del país.
El Amazonas no es solo un escenario geográfico de difícil acceso; es un territorio clave para las economías ilegales, especialmente el narcotráfico, la minería ilícita y las rutas fluviales que conectan a Colombia con países vecinos. Allí, grupos armados como el comandado por Iván Mordisco han consolidado su poder aprovechando la ausencia histórica del Estado, la pobreza estructural y la fragilidad institucional que afecta a comunidades indígenas y rurales. Por eso, cada acción militar en esta zona tiene un impacto que va mucho más allá de lo estrictamente bélico.
La ofensiva lanzada por la Fuerza Pública demuestra una capacidad de inteligencia y maniobra significativa, al lograr penetrar un territorio selvático donde tradicionalmente los grupos ilegales se mueven con ventaja. Neutralizar parte del esquema de seguridad de Iván Mordisco envía un mensaje claro: el Estado no está dispuesto a ceder espacios estratégicos ni a permitir que estas estructuras continúen operando con impunidad. Sin embargo, también deja en evidencia que la confrontación armada, por sí sola, no es suficiente para erradicar un fenómeno que se nutre de factores sociales, económicos y políticos profundamente arraigados.
Uno de los elementos más sensibles de esta operación es el rescate de menores de edad, un recordatorio doloroso de cómo el conflicto sigue golpeando a los más vulnerables. El reclutamiento forzado no solo constituye un crimen grave, sino que refleja el fracaso colectivo en garantizar oportunidades reales a niños y jóvenes que terminan siendo absorbidos por la violencia ante la falta de alternativas. Este aspecto obliga a replantear el enfoque de seguridad: no basta con debilitar militarmente a los grupos armados, es indispensable reconstruir el tejido social en las regiones afectadas.
Desde una perspectiva política, el golpe contra la estructura de Iván Mordisco también pone en tensión los debates sobre la paz, el diálogo y la acción militar. Mientras algunos sectores insisten en que la fuerza es la única vía para enfrentar a las disidencias, otros advierten que sin una estrategia integral —que combine presencia estatal permanente, inversión social, justicia y protección ambiental— los resultados serán temporales. El Amazonas, además, enfrenta el reto adicional de la defensa de la selva y de los pueblos indígenas, que suelen quedar atrapados entre el fuego cruzado y el abandono institucional.
En conclusión, la operación contra Iván Mordisco en el Amazonas representa un avance táctico importante, pero también una prueba para el Estado colombiano. El verdadero éxito no se medirá únicamente en capturas o bajas, sino en la capacidad de mantener el control territorial, proteger a las comunidades y evitar que nuevos grupos ocupen los espacios dejados por los neutralizados. La selva amazónica no solo es un escenario de guerra: es un territorio que exige presencia integral del Estado, decisiones políticas firmes y un compromiso real con la paz y el desarrollo sostenible.
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