Benedetti advierte posible emergencia en Colombia tras captura de Maduro: un llamado de alarma que sacude la estabilidad regional

El panorama geopolítico en América Latina dio un vuelco de gran alcance esta semana, luego de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela por parte de fuerzas estadounidenses. En medio de la conmoción regional, el embajador de Colombia en Estados Unidos, Luis Gilberto Benedetti, lanzó una alerta pública inusual: el país podría enfrentar una situación de emergencia como consecuencia directa de los efectos colaterales de ese operativo y sus repercusiones políticas, sociales y humanitarias en la vecina Venezuela.
Las declaraciones de Benedetti no fueron hechas en un discurso diplomático rutinario, sino en un contexto de alta tensión y complejidad política. La captura de Maduro —quien había ejercido el poder en Venezuela durante más de una década y cuyo régimen había protagonizado años de confrontaciones con la oposición y Estados Unidos— representa no solo un hito histórico, sino también una fractura abrupta en la institucionalidad de un país vecino con el que Colombia comparte fronteras, dinámicas económicas, sociales y humanas altamente interdependientes.
Desde una lectura periodística, la advertencia del embajador Benedetti debe ser interpretada con seriedad pero también con cautela. Cuando una autoridad diplomática de alto nivel señala la posibilidad de una “emergencia”, no se trata de una hipérbole retórica. La captura de un jefe de Estado en ejercicio (o considerado como tal por amplios sectores del sistema internacional) tiene el potencial de desencadenar efectos secundarios que trascienden lo estrictamente político: flujos migratorios repentinamente masivos, tensiones militares no previstas, vacíos de poder que derivan en confrontaciones internas, y perturbaciones en los mercados fronterizos y la economía regional.
Colombia, con más de 2.200 kilómetros de frontera compartida con Venezuela, ha sido históricamente receptor de oleadas migratorias en momentos de crisis. En 2015 y 2016, por ejemplo, el deterioro político y económico al sur de la frontera forzó la salida de millones de venezolanos, generando desafíos significativos para la infraestructura social, educativa y sanitaria en departamentos como La Guajira, Norte de Santander y Arauca. La abrupta captura de Maduro, sin un proceso gradual de transición pactada, podría reactivar esos flujos en condiciones mucho más complejas, incluso peligrosas para quienes cruzan caminando o en condiciones precarias.
Pero las repercusiones no se detienen ahí. Expertos en seguridad fronteriza señalan que episodios de este tipo también aumentan la probabilidad de inestabilidad armada en zonas donde operan grupos al margen de la ley, aprovechando vacíos de autoridad o jurisdicción difusa. Las disidencias, los remanentes de guerrillas, bandas criminales y economías ilegales podrían encontrar en una Venezuela políticamente convulsionada un terreno fértil para expandir sus redes, complicando aún más la ya delicada situación de seguridad en regiones como Catatumbo, Arauca y los llanos orientales.
La advertencia de Benedetti, entonces, debe situarse en ese contexto amplio. No se trata de alarmismo infundado, sino de una anticipación de escenarios probables ante una situación que carece de precedentes recientes: la alteración súbita del liderazgo de un Estado vecino por acción directa de una potencia extranjera. La emergencia potencial no solo involucra migraciones masivas o inseguridad; implica el reordenamiento de equilibrios políticos, militares, económicos y humanitarios en toda la región.
La respuesta del Gobierno colombiano, al menos en el discurso oficial, ha sido la de llamar a la calma y a la cooperación multilateral. El presidente Gustavo Petro ha reiterado su llamado a la paz, al respeto del derecho internacional y a mecanismos multilaterales que gestionen cualquier contingencia de manera ordenada y con pleno respeto por los derechos humanos. Sin embargo, estas declaraciones diplomáticas no eliminan la tensión subyacente ni la incertidumbre sobre cómo se traducirán los anuncios en políticas públicas concretas en los próximos días y semanas.
Finalmente, la advertencia de Benedetti puede entenderse como un toque de atención estratégico: una invitación a no subestimar los efectos de un suceso que, aunque ocurrió al sur de nuestra frontera, tiene profundas ramificaciones para Colombia y toda la región. La movilización de recursos, la coordinación interinstitucional y la preparación de respuestas humanitarias anticipadas no deben verse como medidas de emergencia, sino como acciones prudentes de Estado ante un escenario volátil.
En definitiva, la captura de Maduro y las palabras del embajador no solo reconfiguran el mapa político de Venezuela, sino que obligan a Colombia a mirar hacia adelante con una mezcla de vigilancia, previsión y diplomacia firme, porque los efectos —políticos, sociales, económicos y geoestratégicos— podrían sentirse mucho más allá de lo que inicialmente se anticipó.
#CANAL CORDOBA



