El SENA vuelve a abrir la puerta: formación gratuita como respuesta a un país que busca oportunidades

La apertura de la primera convocatoria de formación del SENA para 2026 no es un anuncio menor ni una noticia de trámite administrativo. En un país donde el acceso a la educación superior sigue marcado por profundas brechas económicas y territoriales, cada llamado del Servicio Nacional de Aprendizaje se convierte en un termómetro social que mide, al mismo tiempo, las necesidades de la población y la capacidad del Estado para responder a ellas.
El interés masivo que despiertan estas convocatorias revela una realidad persistente: miles de colombianos ven en el SENA no solo una opción educativa, sino una oportunidad concreta de movilidad social. Técnicos, tecnólogos y programas complementarios se han consolidado como una alternativa real frente a un sistema universitario que, para muchos, resulta inaccesible por costos, ubicación o falta de cupos. En ese contexto, la gratuidad de la formación no es un beneficio accesorio, sino el eje central que sostiene la relevancia de la institución.
Desde una mirada periodística, la importancia de esta convocatoria va más allá del número de programas ofertados o de las fechas de inscripción. Lo que está en juego es el papel del SENA como puente entre la educación y el empleo en un mercado laboral cada vez más exigente y cambiante. En un entorno donde la informalidad sigue siendo alta y donde muchos jóvenes enfrentan dificultades para insertarse laboralmente, la formación técnica y tecnológica aparece como una respuesta pragmática, orientada a resultados inmediatos.
Sin embargo, esta realidad también plantea interrogantes incómodos. ¿Por qué la demanda de formación gratuita sigue creciendo año tras año? La respuesta apunta a un sistema económico que no logra absorber a toda su fuerza laboral y a un modelo educativo que aún deja por fuera a amplios sectores de la población. El SENA, en ese escenario, funciona como un amortiguador social: ofrece capacitación, esperanza y una ruta posible, pero no puede, por sí solo, resolver los problemas estructurales del empleo en Colombia.
La diversidad de programas incluidos en la convocatoria refleja un intento por adaptarse a las necesidades del mercado y a las dinámicas regionales. Áreas como tecnología, agroindustria, oficios especializados y economía creativa muestran que la institución busca mantenerse alineada con sectores productivos que demandan mano de obra calificada. No obstante, el verdadero desafío no está solo en formar, sino en garantizar que esa formación se traduzca en empleo digno y sostenible una vez los aprendices culminan su proceso.
Otro elemento clave es la modalidad de la oferta. La combinación de programas presenciales y virtuales amplía el alcance del SENA y permite que personas de zonas rurales o con limitaciones de tiempo accedan a la formación. Esta flexibilidad es fundamental en un país con profundas desigualdades territoriales, donde la distancia y la conectividad siguen siendo barreras reales para el acceso educativo.
Pero también es necesario poner el foco en lo que ocurre después de la formación. La expectativa de miles de aspirantes no termina con obtener un cupo; empieza allí. Sin una articulación efectiva entre el SENA, el sector empresarial y las políticas de empleo del Estado, el riesgo es que la capacitación se convierta en un esfuerzo aislado, valioso en lo individual pero insuficiente en lo colectivo. La formación, sin oportunidades laborales reales, corre el peligro de frustrar expectativas y alimentar la percepción de estancamiento.
Desde el periodismo, resulta indispensable contextualizar estas convocatorias dentro de un panorama más amplio. El SENA sigue siendo una de las instituciones públicas con mayor credibilidad y alcance social en Colombia, pero su éxito también evidencia una deuda pendiente: la necesidad de fortalecer un modelo de desarrollo que no dependa exclusivamente de la capacitación para resolver problemas estructurales de empleo y productividad.
La convocatoria de 2026, entonces, puede leerse de dos maneras. Por un lado, como una buena noticia para miles de colombianos que buscan capacitarse y mejorar sus condiciones de vida. Por otro, como un recordatorio de que la educación técnica y tecnológica, aunque fundamental, no puede ser la única respuesta a un mercado laboral que requiere reformas más profundas y una mayor generación de oportunidades.
En definitiva, cada convocatoria del SENA es una puerta que se abre, pero también un espejo que refleja las carencias del país. Celebrarla es justo; analizarla críticamente, necesario. Porque detrás de cada inscripción hay una historia de expectativa, esfuerzo y necesidad, y detrás de cada programa ofertado está el reto permanente de convertir la formación en futuro real.
#CANAL CORDOBA



