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Ranking internacional ubica a Cali, Bogotá y Medellín entre las ciudades más peligrosas del mundo en 2026

Un nuevo ranking global sobre inseguridad urbana ha generado preocupación pública y política en Colombia al revelar que tres de sus principales ciudades figuran entre las urbes con mayores índices de criminalidad en el mundo en 2026. El Crime Index by City 2026, elaborado por la base de datos colaborativa Numbeo —que combina estadísticas oficiales con percepciones ciudadanas sobre delitos, asaltos y homicidios— ubica a Cali, Bogotá y Medellín en posiciones destacadas dentro de un listado que abarca más de 400 ciudades en todo el planeta.

Según esta medición, Cali se posiciona como la ciudad colombiana con mayor índice de criminalidad, ubicada en el puesto 18 del ranking global con un índice de crimen de 72,0 %, una cifra que la coloca junto a metrópolis con graves problemas de seguridad. Bogotá, la capital del país, aparece más abajo, en el lugar 37, con una tasa de criminalidad 66,7 %, mientras que Medellín se ubica en un rango más bajo pero aún notable, en la posición 128 con un índice de 53,6 %.

El índice de Numbeo no se limita a cifras oficiales de crímenes, sino que también incorpora percepciones de los residentes sobre su sensación de seguridad, lo que ofrece una radiografía más amplia sobre cómo se vive el delito en cada ciudad. Este enfoque, aunque cuestionado por algunos sectores por su mezcla de datos objetivos y subjetivos, refleja sensaciones que muchas veces acompañan a las estadísticas formales.

La presencia de Cali delante de otras grandes urbes internacionales llama particularmente la atención en un contexto en el que, según informes policiales, esta ciudad cerró el año 2025 con más de 1.060 homicidios, y Bogotá con más de 1.100 asesinatos, cifras que han generado preocupación por su impacto en la percepción y la realidad de seguridad.

Para muchos analistas y ciudadanos, estos resultados no solo evidencian un problema de criminalidad persistente, sino también los desafíos que enfrentan las autoridades para combinar respuestas policiales con políticas sociales eficaces. En ciudades como Cali y Bogotá, donde la violencia y el crimen se entrelazan con factores socioeconómicos como desigualdad, desempleo y fragmentación urbana, los índices altos no son únicamente estadísticas aisladas, sino reflejo de fenómenos estructurales más profundos.

Sin embargo, es importante subrayar que el ranking de Numbeo no debe leerse únicamente como una clasificación de “peligrosidad” objetiva, sino como un espejo de percepciones de seguridad que pueden ser influenciadas por múltiples factores, desde la experiencia personal hasta la presencia mediática de hechos delictivos. Este enfoque ha sido criticado por expertos que señalan la necesidad de equilibrar percepciones con análisis metodológicos que consideren tasas oficiales de delitos por cada 100.000 habitantes y otros indicadores cuantitativos.

De hecho, aunque Medellín aparece en una posición más baja en el índice global, sigue enfrentando desafíos de seguridad que no deben minimizarse, especialmente en zonas específicas donde la criminalidad y la violencia tienen una presencia más pronunciada. Asimismo, las cifras de Bogotá y Cali subrayan la importancia de fortalecer estrategias integrales de seguridad urbana, que incluyan prevención, justicia efectiva, participación comunitaria y políticas públicas sostenibles.

La inclusión de estas tres ciudades en un listado de proyección mundial abre un debate necesario sobre la situación de la seguridad en Colombia y la percepción internacional de sus principales centros urbanos. Más allá de los números, el reto para las autoridades será convertir estas alarmas en acciones concretas que mejoren no solo las estadísticas, sino la vida diaria de quienes transitan, trabajan y habitan estas urbes cada día.

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