Dengue en Colombia: aumentan los casos y expertos advierten sobre secuelas que pueden durar meses

El dengue continúa consolidándose como uno de los principales desafíos de salud pública en Colombia. Aunque la mayoría de los pacientes logra superar la fase aguda de la enfermedad, especialistas advierten que la infección puede dejar secuelas físicas y cognitivas que afectan la calidad de vida durante semanas o incluso meses después de la recuperación.
Esta enfermedad viral es transmitida por el mosquito Aedes aegypti, un insecto que se reproduce principalmente en recipientes con agua estancada y que se ha adaptado con facilidad a entornos urbanos y periurbanos. La propagación del virus ha sido favorecida por factores como el crecimiento de las ciudades, las altas temperaturas y las dificultades para controlar los criaderos del mosquito en zonas residenciales.
En términos clínicos, el dengue puede manifestarse inicialmente con síntomas como fiebre alta, dolor de cabeza intenso, molestias musculares y articulares, náuseas y debilidad general. En algunos casos, la enfermedad puede evolucionar hacia cuadros más graves que requieren hospitalización y atención médica especializada.
Las cifras recientes reflejan la magnitud del problema. Durante 2025 se registraron más de 125.000 casos de dengue en el país, de acuerdo con reportes del Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia. De ese total, aproximadamente el 34,3 % de los pacientes requirió atención hospitalaria debido a la intensidad de los síntomas o al riesgo de complicaciones.
La tendencia se mantiene durante 2026. En lo que va del año, las autoridades sanitarias ya han reportado al menos 18.378 infecciones, lo que confirma que la circulación del virus continúa siendo elevada en varias regiones del territorio nacional.
Más allá de la fase aguda de la enfermedad, médicos e investigadores han empezado a prestar mayor atención a las secuelas que pueden persistir tras la recuperación. Diversos estudios clínicos han identificado que algunos pacientes experimentan síntomas prolongados que afectan su bienestar físico y mental.
Entre las secuelas más comunes se encuentra la fatiga persistente, una sensación de agotamiento que puede mantenerse durante semanas y dificultar el retorno a las actividades cotidianas. También se han reportado problemas de concentración, fallas de memoria y dolores musculares o articulares que prolongan el proceso de recuperación.
En determinados casos, los especialistas han identificado alteraciones temporales en la función hepática, así como complicaciones cardiovasculares poco frecuentes que requieren seguimiento médico. Estas manifestaciones reflejan el impacto sistémico que puede tener el virus en el organismo, incluso después de haber superado la etapa más crítica de la infección.
Los expertos señalan que una proporción significativa de pacientes continúa presentando síntomas durante varios meses, lo que puede afectar su desempeño laboral, académico y social. Esta situación plantea nuevos desafíos para el sistema de salud, que debe considerar no solo la atención de los casos agudos, sino también el acompañamiento posterior de los pacientes.
Frente a este panorama, la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir la propagación del dengue. Las autoridades sanitarias insisten en la importancia de eliminar los criaderos del mosquito, una medida que depende en gran medida de la participación activa de las comunidades.
Entre las recomendaciones más importantes se encuentra evitar la acumulación de agua en recipientes como baldes, llantas, botellas o tanques sin tapa, lugares donde el mosquito puede depositar sus huevos y multiplicarse rápidamente. También se recomienda el uso de repelentes, la instalación de mallas o mosquiteros en puertas y ventanas y el mantenimiento adecuado de patios y jardines.
Además de estas medidas domésticas, los especialistas subrayan la importancia de fortalecer las estrategias de salud pública orientadas a la educación comunitaria y al control vectorial. Campañas de sensibilización, jornadas de limpieza y programas de vigilancia epidemiológica son fundamentales para reducir la presencia del mosquito en las zonas más afectadas.
Otra herramienta que comienza a ganar protagonismo es la vacunación, considerada por algunos expertos como una estrategia complementaria para disminuir el impacto de la enfermedad en poblaciones vulnerables.
En un país con condiciones climáticas favorables para la reproducción del mosquito transmisor, el dengue continuará siendo un desafío permanente para el sistema sanitario. Por esta razón, los especialistas insisten en que la lucha contra la enfermedad no depende únicamente de las autoridades, sino también del compromiso colectivo de la sociedad para prevenir la proliferación del vector.
Mientras el virus siga circulando en el territorio nacional, la vigilancia epidemiológica, la prevención comunitaria y el fortalecimiento de las políticas de salud pública seguirán siendo claves para evitar nuevos brotes y proteger a la población frente a una enfermedad que, aunque muchas veces se subestima, puede dejar consecuencias duraderas en quienes la padecen.
#CANAL CORDOBA



