Agroeconómica

ICA marca distancia en escándalo de peleas de perros y refuerza control sobre importación de caninos

El pronunciamiento del Instituto Colombiano Agropecuario frente al reciente caso de peleas ilegales de perros pone en evidencia no solo la gravedad del maltrato animal en el país, sino también la necesidad de clarificar responsabilidades institucionales en medio de investigaciones judiciales. La entidad, al rechazar de manera categórica estos hechos y desmentir cualquier vínculo laboral con el veterinario implicado, busca proteger su credibilidad como autoridad sanitaria, al tiempo que delimita el alcance de sus funciones.

El caso, que salió a la luz tras las acciones de la Fiscalía General de la Nación contra una supuesta “convención internacional de pelea de perros”, refleja la persistencia de prácticas ilegales que, pese a estar tipificadas como delito, continúan operando en escenarios clandestinos. En este contexto, la aclaración del Instituto Colombiano Agropecuario sobre la situación del médico veterinario Carlos Alberto Cifuentes Hernández resulta clave para evitar interpretaciones erróneas sobre una posible relación institucional.

Según explicó la entidad, la inclusión del profesional en su base de datos responde únicamente a su registro como veterinario autorizado para realizar trámites de exportación de animales de compañía, una condición abierta a cualquier profesional con tarjeta vigente. Este matiz no es menor, ya que pone en evidencia una zona gris en la percepción pública: la diferencia entre estar registrado en una plataforma institucional y tener un vínculo contractual con el Estado.

Desde una perspectiva periodística, este episodio también abre el debate sobre los mecanismos de control y supervisión en los registros oficiales. Si bien el Instituto Colombiano Agropecuario ha anunciado la revisión del registro para proceder con su retiro, el caso plantea interrogantes sobre la capacidad de las entidades para monitorear el comportamiento de los profesionales inscritos en sus sistemas, especialmente cuando estos participan en actividades ajenas a la legalidad.

Otro punto relevante del pronunciamiento es la aclaración sobre las normas de importación de caninos, particularmente en lo relacionado con razas potencialmente peligrosas. La interpretación del artículo 132 del Código Nacional de Policía, que prohíbe la importación con fines comerciales, pero permite el ingreso bajo condiciones distintas como animales de compañía, evidencia la complejidad normativa en este ámbito. Esta diferenciación, aunque técnicamente válida, puede generar vacíos que faciliten prácticas irregulares si no existe un control riguroso.

El anuncio de verificaciones por parte del Instituto Colombiano Agropecuario sobre el ingreso de los caninos involucrados en este caso resulta, por tanto, una medida necesaria. Sin embargo, también pone de relieve la importancia de fortalecer los filtros de control en frontera y de garantizar que las excepciones legales no se conviertan en mecanismos para evadir la regulación.

Más allá del componente normativo, el caso reabre una discusión de fondo sobre el maltrato animal en Colombia. Las peleas de perros no solo representan una actividad ilegal, sino una práctica que refleja problemáticas sociales más amplias, como la falta de cultura de respeto hacia los animales y la existencia de economías clandestinas que se lucran de estas dinámicas.

En conclusión, la reacción del Instituto Colombiano Agropecuario frente a este caso cumple un doble propósito: deslindar responsabilidades institucionales y reforzar su papel como autoridad sanitaria. No obstante, el episodio deja claro que la lucha contra el maltrato animal requiere no solo pronunciamientos, sino acciones coordinadas entre entidades, mayor control sobre los registros profesionales y una aplicación efectiva de la normativa vigente. Solo así será posible cerrar los espacios que permiten que estas prácticas persistan en la ilegalidad.

#CANAL CORDOBA

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba