Agroeconómica

Colombia en alerta climática: El Niño amenaza con recalentar la economía y poner en jaque la seguridad alimentaria

Colombia vuelve a mirar al cielo con preocupación. Aunque el país atraviesa actualmente una temporada de lluvias intensas, los pronósticos internacionales advierten un giro drástico en el comportamiento climático hacia finales de 2026. La posibilidad de un nuevo fenómeno de El Niño, con una probabilidad estimada entre el 70% y el 80% según la NOAA, no solo representa un desafío ambiental, sino una amenaza directa para la estabilidad económica y social del país.

Este fenómeno, caracterizado por el aumento de las temperaturas y la disminución de las lluvias, históricamente ha dejado huellas profundas en Colombia. No se trata únicamente de sequías prolongadas o incendios forestales, sino de un efecto dominó que impacta sectores estratégicos como la agricultura, la energía y el abastecimiento de agua. En un país donde gran parte de la matriz energética depende de fuentes hídricas, cualquier alteración en los niveles de los embalses enciende las alarmas.

Uno de los frentes más sensibles es, sin duda, el agro. La eventual reducción de lluvias afectaría cultivos clave como la yuca, la palma de aceite o la cebada, disminuyendo la producción y encareciendo los alimentos. Este escenario tendría un impacto inmediato en la inflación, particularmente en los productos de la canasta básica, donde se proyecta un aumento de hasta 3,9 puntos porcentuales. En otras palabras, el fenómeno no solo se sentiría en el campo, sino en el bolsillo de millones de colombianos.

Pero el problema no se limita a la producción agrícola. La ganadería también enfrentaría un panorama complejo debido al estrés hídrico y la reducción de pasturas, lo que podría traducirse en menor productividad y aumento en los precios de proteínas como la carne y la leche. A esto se suma la presión sobre el suministro de agua potable, especialmente en regiones que ya presentan vulnerabilidad estructural frente a eventos climáticos extremos.

El sector energético tampoco escapa a esta amenaza. La posible disminución en los caudales de ríos y embalses pondría en riesgo la generación hidroeléctrica, obligando al país a recurrir a fuentes más costosas o menos sostenibles. Este escenario no solo impactaría las tarifas de energía, sino que también podría afectar la competitividad industrial y el crecimiento económico.

Aún más preocupante es la posibilidad, aunque menor, de enfrentar un “súper El Niño”, con un calentamiento oceánico superior a los 2°C. De materializarse, el país podría enfrentar una crisis hídrica sin precedentes recientes, con efectos acumulativos en múltiples sectores. Este tipo de eventos extremos evidencian la fragilidad de la planificación frente al cambio climático y la necesidad de fortalecer estrategias de mitigación y adaptación.

En este contexto, el llamado de los expertos es claro: la preparación no puede ser reactiva. Las autoridades deben anticiparse con políticas públicas que fortalezcan la gestión del riesgo, promuevan la eficiencia en el uso del agua y garanticen la seguridad energética y alimentaria. Asimismo, se hace urgente una articulación efectiva entre el Gobierno, el sector privado y las comunidades para enfrentar un fenómeno que, aunque cíclico, cada vez tiene consecuencias más severas.

Colombia no es ajena a los efectos del cambio climático, pero sí puede decidir cómo enfrentarlos. El eventual regreso de El Niño no solo pondrá a prueba la resiliencia del país, sino también su capacidad de anticipación y respuesta ante una crisis anunciada.

#CANAL CORDOBA

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