Cúcuta en la calle: la movilización que refleja la polarización y el pulso político del país

La convocatoria a la movilización en Cúcuta en respaldo al presidente Gustavo Petro no puede leerse como un hecho aislado ni como una simple jornada de manifestación ciudadana. En una ciudad marcada históricamente por la frontera, la migración, la crisis económica y la tensión política, salir a las calles adquiere un significado que va más allá del respaldo a un gobierno de turno. Es, en esencia, una expresión del momento político que vive Colombia y de la profunda polarización que atraviesa al país.
Cúcuta no es cualquier escenario para una movilización de este tipo. Su condición de ciudad fronteriza con Venezuela la ha convertido en un territorio donde confluyen discursos ideológicos opuestos, intereses económicos cruzados y una ciudadanía especialmente sensible a las decisiones del poder central. Por ello, que sectores sociales y organizaciones convoquen a marchar en apoyo al presidente Petro tiene una carga simbólica fuerte: es una señal de que el debate político nacional también se libra en las regiones, incluso en aquellas que tradicionalmente han sido más críticas del actual Gobierno.
Desde una perspectiva periodística, la movilización debe analizarse en su contexto. El llamado a las calles surge en medio de un ambiente de tensión política, marcado por debates sobre soberanía, relaciones internacionales, reformas estructurales y cuestionamientos al rumbo del país. Para los sectores que respaldan la marcha, se trata de una defensa del mandato popular y de las decisiones del Ejecutivo frente a presiones internas y externas. Para otros, es una muestra de cómo el poder también convoca, moviliza y busca legitimarse a través de la calle, un espacio que históricamente ha sido más propio de la protesta contra el Gobierno que de su respaldo.
La presencia de organizaciones sociales y sindicales en la convocatoria aporta una lectura adicional. Estas agrupaciones no solo marchan por un nombre propio, sino por una agenda que consideran amenazada o incompleta: derechos laborales, justicia social, soberanía nacional y participación democrática. En ese sentido, la movilización se convierte en un escenario donde confluyen múltiples causas, algunas alineadas con el Gobierno y otras que, incluso, le exigen coherencia y resultados.
Sin embargo, la movilización también deja al descubierto una realidad incómoda: la dificultad del país para encontrar puntos de encuentro. Cada marcha, a favor o en contra del presidente, parece profundizar la división entre “bandos”, reduciendo el debate público a una lógica de apoyos y rechazos absolutos. En Cúcuta, como en otras ciudades, la calle se transforma en un termómetro de esa polarización, donde la expresión ciudadana corre el riesgo de ser interpretada exclusivamente desde el lente partidista.
El rol del periodismo, frente a este escenario, no puede limitarse a contar asistentes o describir recorridos. Es necesario interrogar el sentido de estas movilizaciones y su impacto real en la democracia. ¿Fortalecen la participación ciudadana o refuerzan la confrontación política? ¿Expresan una adhesión consciente a un proyecto político o responden a dinámicas de movilización impulsadas desde estructuras organizadas? Las respuestas no son simples y exigen una mirada crítica y equilibrada.
La movilización en Cúcuta también plantea preguntas sobre el futuro del debate público en Colombia. En un país donde la protesta ha sido una herramienta clave para exigir cambios, la apropiación de la calle por parte del poder genera tensiones legítimas. Algunos lo ven como una expresión válida de apoyo ciudadano; otros, como una señal de que la institucionalidad no logra canalizar los conflictos por vías menos confrontativas.
En definitiva, la jornada de movilización en Cúcuta no es solo una noticia de orden público o político, sino un reflejo del momento histórico que vive Colombia. Una ciudadanía dividida, un Gobierno que busca respaldo popular en la calle y una oposición que observa con recelo este tipo de convocatorias configuran un escenario complejo, donde la democracia se pone a prueba no solo en las urnas, sino también en el espacio público.
Cúcuta, una vez más, se convierte en espejo del país: una ciudad donde la calle habla, donde las tensiones se hacen visibles y donde el desafío sigue siendo transformar la movilización en diálogo, y la confrontación en construcción colectiva.
#CANAL CORDOBA



