Cultura

El vallenato no descansa: nuevas figuras, agendas desbordadas y la memoria viva de un género que sigue marcando época

El vallenato colombiano inicia el 2026 con una señal inequívoca de vitalidad: mientras nuevas figuras rompen récords de presentaciones, las voces consagradas siguen encabezando las grandes festividades del país y los juglares que forjaron la identidad sonora de la región son despedidos como auténticos guardianes de la tradición. La escena no solo está activa; está en expansión.

El caso de Mario Cerchar resulta paradigmático para entender el momento que vive el género. Cincuenta presentaciones en diciembre y veintiséis más en enero no son solo cifras llamativas: representan una demanda constante del público por nuevas propuestas que respeten la esencia del vallenato, pero que también conecten con las dinámicas actuales del entretenimiento. Cerchar, acompañado por el acordeonero Jesús ‘Chucho’ Ocamó, se consolida como artista revelación en un circuito que exige resistencia física, disciplina vocal y una relación directa con audiencias diversas, desde plazas públicas hasta eventos privados.

Su propio testimonio —basado en el cuidado personal y la abstinencia del licor— revela una transformación silenciosa en el oficio del músico vallenato. Ya no basta con el talento: la profesionalización, el manejo de agenda y la proyección a largo plazo, como la grabación de un primer álbum, marcan la diferencia entre la fugacidad y la permanencia.

En paralelo, Jean Carlos Centeno demuestra que el vallenato romántico mantiene intacta su vigencia. Con diecinueve conciertos en enero, su presencia en carnavales y festivales de alto impacto confirma que el público sigue encontrando en sus canciones una banda sonora emocional que atraviesa generaciones. La capacidad de Centeno para mantenerse en la primera línea, adaptándose a nuevos escenarios sin perder identidad, refuerza la idea de que el vallenato no se fragmenta: se diversifica.

Pero no todo es celebración. La muerte del músico y artesano Patrocinio Pérez, ‘Giño’, recuerda que el vallenato no se sostiene únicamente en los escenarios, sino también en los talleres, en los barrios y en la transmisión oral del saber musical. ‘Giño’ no solo acompañó a grandes agrupaciones; construyó con sus manos los instrumentos que dan forma al ritmo, enlazando el vallenato con otras expresiones del Caribe como la cumbia y el bullerengue. Su partida deja un vacío que obliga a reflexionar sobre la necesidad de proteger y visibilizar a los hacedores culturales que no siempre ocupan los reflectores.

El panorama actual muestra un género que vive una tensión saludable entre la velocidad del éxito y la profundidad de la tradición. Las agendas apretadas, los récords de conciertos y la masificación del espectáculo conviven con la memoria de los juglares y con un legado que no puede reducirse a números. En esa convivencia está la clave de su vigencia.

Así, el vallenato arranca el 2026 reafirmando su lugar como expresión cultural viva, capaz de renovarse sin traicionarse. Entre tarimas llenas, voces que enamoran y despedidas que duelen, el género sigue contando la historia del Caribe colombiano, una canción a la vez.

#CANAL CORDOBA

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