Cultura

El vallenato entra en modo festival: inscripciones récord, giras intensas y tensiones que revelan el pulso real del folclor

El vallenato comenzó el 2026 con una señal clara de fortaleza cultural y vigencia popular: el 59° Festival de la Leyenda Vallenata, uno de los eventos más emblemáticos de Colombia, abrió inscripciones y en su primer día ya superó los 75 participantes inscritos. La cifra no es menor. Refleja no solo expectativa, sino una necesidad latente de músicos, verseadores y agrupaciones de mantener vivo un legado que, lejos de agotarse, se reinventa año tras año.

El festival, que se realizará del 29 de abril al 2 de mayo en Valledupar y rendirá homenaje a Israel Romero y Rafael Orozco, El Binomio de Oro, confirma desde ya que la edición 59 tendrá un alto nivel competitivo. La masiva inscripción en el desfile de Piloneras, especialmente en la categoría mayor, demuestra que la tradición no es un asunto del pasado, sino una expresión colectiva que sigue encontrando relevo generacional y respaldo comunitario.

Este entusiasmo contrasta, pero también se complementa, con la intensa actividad comercial del vallenato en tarima. Artistas como Diego Daza y Rolando Ochoa continúan imponiendo una agenda apretada de conciertos, consolidando un modelo donde el éxito se mide tanto en reproducciones como en presencia territorial. Su confirmación en eventos de alto perfil, como la coronación de la reina del Carnaval de Barranquilla, evidencia que el vallenato sigue siendo protagonista de las grandes fiestas nacionales.

Sin embargo, no todo es armonía. El incidente protagonizado por Farid Ortiz en Ocaña, cuando le apagaron el sonido en pleno concierto, dejó al descubierto una tensión recurrente entre producción, seguridad y respeto al artista. Más allá del momento anecdótico, el episodio abre un debate necesario sobre la profesionalización de los espectáculos, el manejo de crisis en eventos masivos y la dignidad del intérprete frente a decisiones improvisadas. La reacción del público, que respaldó al cantante y mantuvo el carnaval encendido, habla de una audiencia que no solo consume vallenato, sino que lo defiende como expresión identitaria.

Mientras tanto, festivales regionales como el Festival Nacional del Caimán de Ciénaga ratifican la diversidad sonora que hoy convive en la Costa Caribe. La mezcla de vallenato, champeta y merengue dominicano muestra un folclor que dialoga con otros ritmos sin perder su esencia, ampliando públicos y escenarios en un contexto cultural cada vez más competitivo.

En medio de este panorama dinámico, la separación de Cande Zuleta y Javier Matta recuerda que el vallenato también es un territorio de decisiones artísticas, apuestas personales y rupturas inevitables. Las fórmulas cambian, los proyectos se reconfiguran y el género continúa su marcha, incluso cuando los caminos se bifurcan.

Así, el arranque del año deja una lectura clara: el vallenato vive un momento de alta exposición, con festivales que convocan, artistas que no descansan y debates que evidencian su complejidad como industria cultural. Entre concursos, tarimas, homenajes y polémicas, el folclor sigue latiendo con fuerza, demostrando que no es solo música de temporada, sino una narrativa viva que sigue escribiéndose en cada acorde, verso y escenario.

#CANAL CORDOBA

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