Influenza H3N2 en Colombia: una alerta sanitaria que exige prevención, no pánico

La confirmación del primer caso de influenza A (H3N2) en Colombia por parte del Ministerio de Salud marca un nuevo punto de atención para el sistema sanitario y para la ciudadanía. Aunque se trata de un caso importado y controlado, el anuncio vuelve a poner sobre la mesa un debate recurrente: cómo informar sobre riesgos en salud pública sin generar alarma innecesaria, pero sin minimizar la importancia de la prevención.
El hallazgo, detectado gracias a los sistemas de vigilancia epidemiológica del país, demuestra que Colombia mantiene activos los mecanismos de monitoreo de virus respiratorios, una capacidad fortalecida tras la experiencia de la pandemia por COVID-19. En ese sentido, más que una señal de debilidad, la identificación temprana del virus evidencia que el sistema está funcionando y que existe capacidad técnica para detectar variantes que circulan a nivel internacional.
Desde una perspectiva periodística, es clave subrayar que la influenza H3N2 no es un virus nuevo, ni desconocido para la ciencia ni para la medicina. Forma parte de los virus de influenza estacional que cada año circulan en diferentes regiones del mundo y cuya gravedad depende de factores como la cobertura de vacunación, el estado de salud de la población y la rapidez de la atención médica. La novedad, en este caso, radica en la confirmación de su presencia en el país, no en su peligrosidad intrínseca.
Sin embargo, el anuncio no debe interpretarse con ligereza. La influenza, incluso en sus formas estacionales, puede representar un riesgo significativo para grupos vulnerables como adultos mayores, niños pequeños, mujeres embarazadas y personas con enfermedades crónicas. La historia sanitaria demuestra que subestimar estos virus puede tener consecuencias, especialmente cuando coinciden con temporadas de alta circulación respiratoria.
El reto principal está en la comunicación pública. En un contexto marcado por la sobreinformación y la memoria reciente de emergencias sanitarias globales, cualquier noticia relacionada con virus tiende a amplificarse. Por ello, el enfoque responsable debe centrarse en informar con rigor, explicar el contexto epidemiológico y reforzar los mensajes de autocuidado, en lugar de alimentar el miedo colectivo.
Las autoridades han sido claras al señalar que no existe, por ahora, evidencia de un aumento inusual de hospitalizaciones o muertes asociadas a este virus en el país. No obstante, el llamado a la vacunación contra la influenza cobra especial relevancia. La vacuna sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir complicaciones graves y evitar la saturación de los servicios de salud, un aprendizaje que el país no puede darse el lujo de olvidar.
Este primer caso también pone en evidencia la importancia de la corresponsabilidad ciudadana. La salud pública no depende únicamente de decisiones gubernamentales, sino del comportamiento individual y colectivo: acudir al médico ante síntomas persistentes, evitar la automedicación, mantener medidas básicas de higiene y proteger a quienes presentan mayor riesgo.
En términos más amplios, la confirmación del H3N2 invita a reflexionar sobre la necesidad de fortalecer la cultura de prevención en Colombia. Durante años, la influenza ha sido percibida como una enfermedad menor, cuando en realidad su impacto puede ser significativo si no se maneja adecuadamente. Cambiar esa percepción es una tarea pendiente que involucra a medios de comunicación, autoridades y ciudadanía.
En conclusión, el primer caso de influenza H3N2 en Colombia no debe ser visto como una señal de alarma descontrolada, pero sí como una advertencia oportuna. La vigilancia, la información clara y la prevención siguen siendo las mejores herramientas para enfrentar los desafíos sanitarios, en un mundo donde los virus no reconocen fronteras y la responsabilidad compartida se convierte en la primera línea de defensa.
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