¿Más salario, más caro el plato? El efecto inmediato en el bolsillo popular tras el aumento del salario mínimo

El incremento del salario mínimo en Colombia para 2026, que ascendió a un 22.7 % y sitúa el nuevo ingreso legal en 1,75 millones de pesos mensuales, fue celebrado por muchos como una medida progresista para mejorar la calidad de vida de los trabajadores. Sin embargo, esta decisión, aunque bien intencionada, ha tenido efectos inmediatos y visibles en la economía diaria, especialmente en los sectores populares. La consecuencia más palpable la han percibido los consumidores habituales de empanadas y corrientazos, cuyos precios han subido rápidamente tras el ajuste salarial, encendiendo un debate sobre el equilibrio entre salarios y precios de la canasta alimentaria. 
En teoría, un aumento del salario mínimo debería fortalecer el poder adquisitivo de los trabajadores, permitiéndoles acceder con mayor holgura a bienes y servicios básicos. No obstante, cuando este incremento salarial supera con creces la inflación proyectada —como en este caso, donde el aumento supera ampliamente las previsiones oficiales—, entran en juego presiones inflacionarias que pueden afectar el costo de los productos y servicios. Es decir, si bien los empleados reciben más ingreso, los comercios, los vendedores informales y los pequeños restaurantes ajustan sus precios para cubrir mayores costos operativos, materia prima y expectativas de rentabilidad. 
Este fenómeno se observa con claridad en locales de comida popular. La empanada o el corrientazo, símbolos de la gastronomía cotidiana en barrios urbanos y zonas populares, han experimentado aumentos notables en sus precios apenas iniciado el año. Para una familia trabajadora que depende de estos alimentos por su conveniencia y bajo costo, estos ajustes representan una carga adicional en un panorama donde todavía persisten desafíos económicos como el costo de la vivienda, transporte y acceso a servicios básicos.
El aumento de precios en estos bienes no es un fenómeno aislado ni exclusivo de Colombia. En economías donde el salario mínimo se incrementa de manera significativa respecto a la inflación, las empresas y los comerciantes pueden responder trasladando esos mayores costos laborales al consumidor final. En un mercado competitivo, los pequeños negocios de alimentos pueden sentir aún más presión, dado que sus márgenes suelen ser estrechos y cualquier ajuste de precios de insumos se refleja casi de inmediato en los precios al público.
Además, este efecto puede tener consecuencias sociales profundas. Por un lado, los trabajadores que reciban el nuevo salario mínimo verán una mejora en sus ingresos, pero si al mismo tiempo los bienes esenciales que consumen a diario —como la comida popular— aumentan de precio, esa ganancia puede verse erosionada. Esto genera un dilema donde la intención de mejorar el bienestar de los trabajadores choca con la realidad del mercado y la capacidad de los hogares de sostener un consumo básico estable.
Finalmente, esta dinámica plantea preguntas importantes para la política económica y social del país. ¿Cómo puede el Estado y el sector productivo gestionar aumentos salariales sin detonar presiones inflacionarias que afecten al consumidor final? ¿Qué mecanismos de apoyo y regulación son necesarios para que, al aumentar los ingresos, no se comprometa el acceso a bienes básicos? Estas interrogantes subrayan la necesidad de políticas integradas que consideren no solo el ingreso de los trabajadores, sino también el comportamiento de los precios en sectores sensibles como el de la alimentación.
En consecuencia, el caso de las empanadas y corrientazos que ahora cuestan más tras el aumento del salario mínimo no solo es un titular simpático: es un reflejo de las complejidades económicas que enfrenta Colombia al intentar equilibrar justicia salarial con estabilidad de precios y bienestar general. La forma como se aborden estos retos en los próximos meses será crucial para determinar si la medida salarial fortalece realmente el poder adquisitivo de la población o, por el contrario, se diluye ante las fuerzas del mercado.
#CANAL CORDOBA



