Navidad con uniforme: la presencia policial que lleva seguridad y cercanía hasta los confines del campo

Mientras las luces navideñas iluminan plazas y avenidas en las principales ciudades del país, en los caminos polvorientos y veredas más apartadas del campo colombiano la Navidad adquiere un significado distinto. Allí, lejos del bullicio comercial y de las celebraciones multitudinarias, la llegada de la Policía Nacional se convierte en un mensaje claro de presencia institucional, acompañamiento y seguridad en una época marcada tanto por la esperanza como por la vulnerabilidad social.
La labor de los uniformados durante la temporada decembrina no se limita al control del orden público. En zonas rurales, donde las distancias son largas y el acceso a servicios estatales suele ser limitado, cada visita policial representa un gesto simbólico de reconocimiento hacia comunidades que históricamente han permanecido en los márgenes del desarrollo y de la atención mediática. La Navidad, en ese contexto, se transforma en una oportunidad para reforzar la confianza entre el Estado y la ciudadanía.
Desde una mirada periodística, resulta clave entender que estas acciones no ocurren en un vacío. El campo colombiano ha sido escenario de múltiples desafíos estructurales: economías informales, debilidades en infraestructura, dificultades de movilidad y, en algunos casos, presencia de actores ilegales. En ese panorama, la presencia policial durante las festividades cumple una doble función: preventiva frente a posibles alteraciones del orden y social como puente de diálogo y cercanía con la población civil.
Los recorridos, patrullajes y encuentros comunitarios que se desarrollan en Navidad tienen un impacto que va más allá de lo operativo. Para muchas familias campesinas, ver a los uniformados llegar con mensajes de convivencia, recomendaciones de seguridad y gestos de cercanía representa una señal de respaldo institucional. En territorios donde el Estado suele sentirse lejano, estos actos fortalecen el tejido social y contribuyen a reducir la percepción de abandono.
Sin embargo, la narrativa de seguridad navideña también invita a una reflexión crítica. La presencia policial, aunque necesaria, no puede ser entendida como una solución aislada a las problemáticas estructurales del campo. La seguridad sostenible requiere inversiones constantes en educación, salud, vías y oportunidades productivas. En ese sentido, las acciones de diciembre funcionan como un recordatorio visible de una responsabilidad estatal que debe mantenerse durante todo el año, no solo en fechas simbólicas.
Otro elemento relevante es el sacrificio personal de los uniformados. Mientras millones de colombianos celebran en familia, miles de policías cumplen turnos en carreteras, corregimientos y zonas rurales apartadas. Su trabajo silencioso sostiene la normalidad de las festividades y garantiza que la celebración no se vea empañada por hechos que alteren la convivencia. Este aspecto humano, muchas veces invisible, también forma parte de la historia.
Desde el enfoque periodístico, contar estas historias implica ir más allá del comunicado institucional. Significa observar cómo la seguridad se construye desde la cercanía, cómo la confianza se fortalece con presencia constante y cómo la Navidad se convierte en un escenario donde el Estado puede reafirmar su compromiso con todos los territorios, incluso con aquellos que rara vez ocupan titulares.
En conclusión, la imagen de policías llevando un saludo de seguridad a los rincones más remotos del campo durante la Navidad resume una realidad compleja del país: un Estado que busca hacerse presente en medio de limitaciones históricas y comunidades que, pese a las dificultades, reciben estos gestos como señales de acompañamiento y esperanza. Más que una postal decembrina, se trata de un recordatorio de que la seguridad y la cercanía institucional deben ser permanentes, no estacionales.
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