Urrá drena más de lo que recibe: señales técnicas de alivio en el río Sinú tras el segundo frente frío

El comportamiento reciente del embalse de Embalse de Urrá y del Río Sinú ofrece, por ahora, un respiro técnico y social para Montería. Tras el incremento registrado el pasado 12 de febrero por efecto del segundo frente frío, los indicadores oficiales muestran una tendencia descendente y estable que permite hablar —con cautela— de una superación del punto más crítico de la creciente.
El alcalde de Montería, Hugo Kerguelén, entregó un parte de tranquilidad fundamentado en cifras concretas: los aportes hídricos al sistema han disminuido y las descargas se mantienen en rangos técnicamente manejables. En términos prácticos, el embalse está drenando más agua de la que recibe. Esta ecuación hidráulica —clave en cualquier sistema de regulación— es la que confirma que la creciente ya rebasó su momento más álgido.
El dato es relevante porque traslada la discusión del terreno de la percepción al de la evidencia técnica. Durante las emergencias, la incertidumbre suele amplificar el temor colectivo. Sin embargo, cuando los registros muestran una reducción sostenida —como la del río Sinú, que pasó de 5,33 metros a 4,66 metros, con una disminución acumulada de 67 centímetros— el análisis debe centrarse en la gestión y no solo en la contingencia.
El descenso del nivel no es un simple indicador numérico: tiene implicaciones directas en la movilidad fluvial, en la estabilidad de los barrios ribereños y en la actividad económica que depende del cauce. En una ciudad cuya dinámica histórica ha estado ligada al comportamiento del río, cada centímetro cuenta. Por eso, la tendencia a la baja sostenida constituye una señal de recuperación progresiva.
No obstante, la experiencia demuestra que el optimismo técnico debe ir acompañado de vigilancia permanente. La estabilidad climática es el factor determinante para consolidar la normalización proyectada a partir del 16 de febrero de 2026. En un contexto de variabilidad atmosférica, la planificación debe mantener protocolos activos y monitoreo continuo, incluso cuando las cifras resulten favorables.
La gestión local ha optado por comunicar datos específicos, lo que fortalece la transparencia institucional en momentos sensibles. Informar con precisión —aportes, descargas, niveles— no solo reduce rumores, sino que refuerza la confianza ciudadana en la capacidad de respuesta de las autoridades. La crisis hídrica no se resuelve únicamente con infraestructura; también se gestiona con información clara y oportuna.
El agradecimiento expresado por el mandatario a las familias afectadas y a los organismos de apoyo no es un gesto menor. Detrás de cada reporte técnico hay comunidades que han soportado incertidumbre, pérdidas y alteraciones en su cotidianidad. La recuperación no se mide únicamente en metros descendidos, sino en hogares que vuelven a la normalidad y en actividades productivas que retoman su ritmo.
Hoy, los números permiten hablar de alivio. Pero la verdadera prueba será consolidar este descenso en estabilidad duradera. El río Sinú, como ha ocurrido a lo largo de la historia regional, seguirá marcando la pauta del desarrollo y la resiliencia de Montería. La diferencia radica en que, esta vez, la respuesta institucional parece apoyarse en datos, coordinación y comunicación pública sostenida.
La creciente, todo indica, ha cedido. Ahora comienza la etapa más silenciosa y decisiva: la recuperación.
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