Mundo

Venezolanos envían cartas al exmandatario Maduro en prisión en Nueva York: del dolor al reclamo público

Desde su reclusión en un centro penitenciario de Nueva York, el expresidente venezolano Nicolás Maduro ha comenzado a recibir una oleada de correspondencia de ciudadanos de su país y del exterior que han decidido expresarle, a través de cartas, su dolor, rabia y reclamos por los años de crisis, represión y sufrimiento bajo el régimen chavista. A diferencia de los presos políticos en Venezuela, muchos de ellos aislados e incomunicados, Maduro —identificado por las autoridades estadounidenses con el número de preso 00734-506— tiene permitido recibir correspondencia en su lugar de detención, en medio de un proceso judicial que lo tiene enfrentando cargos penales en EE. UU., incluidos narcotráfico y narcoterrorismo.

La iniciativa de escribir cartas, que comenzó tras la detención de Maduro a principios de enero, ha reunido mensajes de decenas de personas, incluidos venezolanos dentro del país y en la diáspora. Entre las misivas que más han circulado en redes y medios figura la de la actriz Marian Valero, cargada de crudeza simbólica: “Hola, Nicolás, ¿estás conciliando el sueño con facilidad o estás empezando a aprender lo que es dormir conversando con la muerte, la oscuridad y el miedo?”. Valero no solo cuestiona las condiciones del exmandatario, sino que compara su situación con la de los presos políticos venezolanos recluidos en centros de detención conocidos como SEBIN, Ramo Verde y DGCIM, espacios donde, según críticos, se han documentado abusos, torturas y ausencia de garantías procesales durante años.

Otras cartas, muchas de ellas anónimas, van más allá del reclamo moral y se adentran en relatos personales de sufrimiento familiar y exilio forzado. “No hay celda lo suficientemente oscura para pagar el hambre y el exilio de millones. Que su única compañía sea su conciencia…”, dice uno de los mensajes que circula en conjunto con otros que describen la separación de familias, la emigración forzada y el impacto socioeconómico de la crisis venezolana. Algunos expresan perdón —no dirigido a aliviarle la pena a Maduro, sino en aras de la propia sanación de quienes vivieron la fractura de sus hogares—: “Te perdono por mi bien, no por el tuyo.”

Este fenómeno de remitir cartas a un líder depuesto y encarcelado no se limita a escritos serios. En algunas iniciativas, ciudadanos han combinado mensajes de denuncia con elementos de sátira o humor como forma de catarsis, enviando desde memes hasta frases irónicas que, si bien pueden parecer menores, reflejan la compleja mezcla de dolor, liberación y simbolismo que muchos venezolanos asocian con la caída política de una figura tan controvertida.

No obstante, la campaña no ha estado exenta de críticas dentro de la comunidad venezolana. Algunos opinan que escribirle cartas a Maduro podría brindarle una distracción psicológica injustificada, subrayando que muchos presos políticos en Venezuela no han tenido siquiera acceso a correspondencia o visitas. En estos debates se enfrentan dos visiones: una que ve la correspondencia como un acto de justicia simbólica y otra que teme que pueda humanizar a quien muchos consideran responsable directo de graves crisis humanitarias en el país.

Desde el punto de vista periodístico, esta iniciativa representa más que un suceso anecdótico. Expresa un fenómeno social profundamente arraigado en la memoria colectiva venezolana —la necesidad de confrontar a un pasado político traumático y, al mismo tiempo, de visibilizar el contraste entre el trato judicial que recibe un exmandatario en el exterior comparado con el de los presos políticos dentro de Venezuela. La correspondencia se convierte en un puente entre lo testimonial y lo político, donde cartas individuales y anónimas se transforman en piezas de una narrativa más amplia sobre responsabilidad, justicia y memoria histórica.

A medida que avanza el proceso judicial en Estados Unidos, y mientras Maduro enfrenta acusaciones que podrían llevarlo a enfrentarse a largas condenas, estas cartas sirven como termómetro del sentir de una sociedad que busca expresar su propia versión de la historia y un cierre simbólico a años de conflicto interno. Más allá de las posibles repercusiones legales, sociales o diplomáticas, la correspondencia es un acto de expresión ciudadana que ilustra cómo, incluso desde la distancia y el dolor, los venezolanos buscan ser escuchados y recordados.

#CANAL CORDOBA

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba