Viajar con responsabilidad: la Terminal de Transporte de Montería frente al reto de mover a miles sin margen de error

La Terminal de Transporte de Montería no es solo una infraestructura urbana: es un punto estratégico donde confluyen las dinámicas sociales, económicas y humanas del departamento de Córdoba y de buena parte de la región Caribe. Cada día, cientos de buses y miles de pasajeros atraviesan sus instalaciones con un mismo objetivo: llegar a destino de forma segura. Sin embargo, detrás de cada salida programada existe una logística compleja que exige corresponsabilidad entre autoridades, empresas transportadoras y usuarios.
En temporadas de alta movilidad —como fines de semana, puentes festivos o épocas decembrinas— la terminal se convierte en un termómetro del comportamiento ciudadano. La puntualidad, el respeto por las normas y la planificación previa dejan de ser simples recomendaciones para transformarse en factores determinantes del buen funcionamiento del sistema. No llegar con anticipación, comprar tiquetes por fuera de los canales oficiales o ignorar los protocolos básicos de seguridad no solo pone en riesgo al viajero individual, sino que impacta negativamente la operación general.
Uno de los principales desafíos sigue siendo la informalidad. A pesar de los llamados reiterados de las directivas de la terminal y de las autoridades de tránsito, aún persisten prácticas como la compra de pasajes a intermediarios no autorizados o el abordaje en puntos no permitidos. Estas acciones, aparentemente inofensivas, abren la puerta a estafas, sobrecostos y situaciones de inseguridad que podrían evitarse con una mínima cultura de legalidad.
Otro aspecto clave es la protección de los pasajeros más vulnerables. El control de documentación para menores de edad, por ejemplo, no es un trámite burocrático sino una medida preventiva frente a posibles delitos y situaciones de riesgo. De igual forma, la atención preferencial a adultos mayores, personas con discapacidad y mujeres gestantes refleja un avance necesario hacia una movilidad más humana e inclusiva, aunque todavía perfectible.
Desde el punto de vista operativo, la terminal ha fortalecido sus mecanismos de información, señalización y atención al usuario. No obstante, el flujo constante de personas demuestra que la infraestructura, por sí sola, no garantiza un viaje seguro. La conducta del pasajero —cuidar sus pertenencias, respetar los horarios, atender las indicaciones del personal— es una pieza fundamental del engranaje.
El clima cálido de Montería, sumado a largas esperas en horas pico, también exige condiciones mínimas de comodidad. La disponibilidad de zonas de descanso, servicios sanitarios y espacios comerciales no es un lujo, sino una necesidad para quienes inician recorridos de varias horas por carretera. En ese contexto, la terminal no solo despacha buses: administra experiencias humanas.
En un país donde el transporte terrestre sigue siendo el principal medio de desplazamiento intermunicipal, lo que ocurre en la Terminal de Transporte de Montería es un reflejo de la movilidad nacional. Cada viaje exitoso es el resultado de decisiones correctas tomadas antes de subir al bus. Cada contratiempo, en cambio, suele tener origen en la improvisación.
Viajar, en definitiva, no debería ser un acto de tensión sino de confianza. Y esa confianza se construye cuando las normas se cumplen, la información se verifica y la responsabilidad se asume de manera colectiva. La terminal cumple su función como punto de partida; el resto depende de que cada pasajero entienda que un buen viaje comienza mucho antes de que el motor arranque.
GS Noticias
#CANAL CORDOBA



