Alerta en Córdoba: dengue regresa con fuerza y pone a prueba la capacidad de respuesta sanitaria

El incremento de casos de dengue en el departamento de Córdoba ha encendido nuevamente las alarmas de las autoridades sanitarias y de la ciudadanía. Lo que en años recientes había sido gestionado como un desafío estacional más, ahora adquiere una dimensión preocupante: el dengue no solo se mantiene activo en varias localidades, sino que lo hace con una intensidad que pone a prueba la capacidad de respuesta de los sistemas de salud, la coordinación interinstitucional y las prácticas preventivas de las comunidades.
El dengue —transmitido por el mosquito Aedes aegypti— no es una enfermedad nueva en la región Caribe de Colombia. Sin embargo, su persistencia y aumento de casos reflejan una dinámica epidemiológica compleja, que tiene como coctel factores ambientales, sociales y de gestión. Sequías intermitentes, acumulación de recipientes con agua, falta de sistemas de manejo de residuos y la insuficiente implementación de campañas comunitarias de mitigación conforman un caldo de cultivo ideal para el vector. Esta es una realidad que no se constriñe a una sola ciudad ni a un solo barrio: es un problema de salud pública que, de no manejarse correctamente, puede afectar especialmente a grupos vulnerables como niños, adultos mayores y personas con comorbilidades.
Desde una mirada periodística, es crucial entender que el dengue —y en particular sus formas graves como el dengue hemorrágico— no se combate únicamente desde los hospitales y centros de atención médica. La atención sanitaria oportuna de casos sospechosos es vital para reducir mortalidad, cierto. Pero la prevención —y con ella, la educación comunitaria, la eliminación de criaderos y la gestión integral de agua y residuos— es, en realidad, la pieza más determinante para contener la propagación.
En Córdoba, las cifras oficiales dan cuenta de un aumento sostenido de casos en las últimas semanas, con municipios tanto rurales como urbanos reportando crecimiento en las notificaciones de enfermedad. Este repunte exige, en primer lugar, capacidad de vigilancia epidemiológica ágil y reactiva. Esto significa no solo diagnosticar los casos clínicos, sino identificar rápidamente zonas de alta transmisión para implementar acciones focalizadas —desde fumigación hasta jornadas de limpieza y sensibilización—, evitando que un foco localizado se convierta en un brote generalizado.
Pero también exige una lectura más crítica sobre los modelos de prevención comunitaria. Más allá de las campañas masivas, el éxito en el control del dengue suele radicar en el trabajo cotidiano: en la eliminación de recipientes que acumulan agua, en la participación activa de las familias, en la educación de los niños desde las escuelas y en la intervención coordinada entre entidades municipales, departamentales y sector salud. Sin esa articulación sostenida, los esfuerzos de corto plazo —como nebulizaciones puntuales— terminan siendo paliativos temporales, sin impacto duradero.
También es pertinente reflexionar sobre el carácter multidimensional de la salud pública. La aparición de casos de dengue no puede desligarse de las condiciones socioambientales en las que viven millones de cordobeses: acceso irregular al agua potable, problemas de alcantarillado, acumulación de residuos sólidos y condiciones de hacinamiento en algunos barrios. Estas son variables que interactúan y que, de no abordarse integralmente, perpetúan la vulnerabilidad frente a enfermedades transmitidas por vectores.
El aumento de casos en Córdoba se da, además, en un momento en que las autoridades locales y nacionales también han enfrentado otras emergencias de salud pública, saturación de servicios y demandas crecientes de atención. Un sistema de salud con recursos limitados debe maximizar la eficiencia de sus acciones, priorizando no solo la atención aguda, sino la prevención sostenible. En ese sentido, la inversión en programas comunitarios, vigilancia constante y cooperación intersectorial no es un gasto opcional, sino una estrategia de largo plazo para proteger vidas y fortalecer la resiliencia social.
Finalmente, este repunte del dengue no debe convertirse en motivo de alarma sin fundamento, pero sí en llamado a la acción. Los medios de comunicación, los líderes comunitarios y las instituciones tienen la responsabilidad de informar con rigor, contextualizar los riesgos, desmentir rumores y promover comportamientos preventivos. La ciudadanía, por su parte, no puede transferir toda la responsabilidad al sector salud: la prevención eficaz del dengue es un ejercicio compartido que requiere compromiso de todos.
En suma, la situación de dengue en Córdoba exige ver la enfermedad no como un hecho aislado, sino como un síntoma de desafíos mayores en salud pública, gestión urbana y participación ciudadana. La respuesta no puede ser fragmentaria ni reactiva: debe ser integral, sostenida y fundamentada en la articulación entre comunidades, instituciones y políticas públicas efectivas. Solo así se podrá mitigar el impacto de la enfermedad ahora y construir territorios más saludables para el futuro.
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