Procurador anuncia sanciones por crisis en Córdoba y atribuye la magnitud de la tragedia a fallas del Estado

La emergencia humanitaria que golpea a Montería y a varios municipios de Córdoba no solo dejó viviendas anegadas y miles de damnificados; abrió también un frente institucional. Desde la Cumbre de Gobernadores realizada en la capital cordobesa, el procurador general, Gregorio Eljach Pacheco, lanzó una afirmación contundente: “No hay duda que la magnitud de la tragedia es resultado de la inoperancia de varias entidades del Estado”.
El pronunciamiento no se quedó en el terreno declarativo. El jefe del Procuraduría General de la Nación anunció que en menos de un mes el país conocerá sanciones disciplinarias contra los responsables, en el marco de las investigaciones que ya adelanta el Ministerio Público. La advertencia marca un giro en el tratamiento institucional de la emergencia: de la verificación de hechos se pasa a la eventual imposición de consecuencias.
Un señalamiento de alto calibre
Las palabras del Procurador elevan el debate más allá de la coyuntura climática. Al atribuir la magnitud de la tragedia a la “inoperancia” estatal, introduce la hipótesis de que el desastre no fue únicamente producto de fenómenos naturales, sino también de fallas en la prevención, la gestión del riesgo y la reacción institucional.
La declaración adquiere peso político y jurídico en un contexto donde cientos de familias siguen viviendo en condiciones precarias, más de 15 días después de iniciada la emergencia. Eljach calificó como “indignante” que, pese al tiempo transcurrido, aún existan comunidades sin atención integral ni soluciones estructurales.
En ese sentido, la Procuraduría busca establecer si hubo omisiones, negligencias o incumplimientos de deberes por parte de autoridades locales, departamentales o incluso nacionales. La responsabilidad disciplinaria no necesariamente implica dolo, pero sí podría derivarse de la falta de acción o de decisiones tardías frente a alertas tempranas y planes de contingencia.
Investigación en terreno
Por instrucción directa del Procurador, comisiones de las delegadas para Asuntos Civiles, del Trabajo y la Seguridad Social, y para Asuntos Ambientales y Agrarios se desplazaron a la región. La presencia de estos equipos responde a la necesidad de verificar en campo las condiciones de los damnificados y contrastar la información suministrada por las entidades responsables.
El enfoque integral de la inspección —que abarca componentes sociales, laborales y ambientales— sugiere que la investigación no se limitará a la atención humanitaria inmediata, sino que examinará también la planificación territorial, la ejecución de recursos y la articulación interinstitucional.
Las comisiones han requerido documentación y reportes oficiales para determinar si se activaron oportunamente los protocolos de gestión del riesgo y si los recursos destinados a prevención y mitigación fueron ejecutados conforme a la ley.
Más allá de la coyuntura
El anuncio de posibles sanciones introduce un elemento clave en la discusión pública: la rendición de cuentas en contextos de desastre. En Colombia, las emergencias suelen repetirse en los mismos territorios, lo que abre interrogantes sobre la eficacia de las políticas de prevención y adaptación climática.
Si la Procuraduría logra demostrar responsabilidades disciplinarias, el precedente podría fortalecer los mecanismos de control y enviar un mensaje claro a las entidades territoriales y nacionales: la omisión también tiene consecuencias.
Sin embargo, el reto será que las sanciones no se conviertan en un acto aislado, sino en un punto de partida para corregir fallas estructurales. La gestión del riesgo exige coordinación, inversión sostenida y planificación a largo plazo. De lo contrario, cada temporada de lluvias volverá a poner en evidencia las mismas debilidades institucionales.
En medio del drama humanitario, el país observa ahora un proceso que podría redefinir responsabilidades y marcar un antes y un después en la forma como el Estado enfrenta las emergencias. Las próximas semanas serán decisivas no solo para conocer nombres y sanciones, sino para establecer si la tragedia de Córdoba se traducirá en reformas reales o quedará, una vez más, en el ciclo repetido de la indignación y el olvido.
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