Entre la celebración y el abandono: Colombia conmemora el Día del Gato con 1,8 millones de felinos sin hogar

Cada 20 de febrero el mundo celebra el Día Internacional del Gato, una fecha que nació en honor a Socks, la mascota del expresidente estadounidense Bill Clinton, cuyo carisma lo convirtió en figura mediática durante su paso por la Casa Blanca. Tras su muerte en 2009, la jornada se transformó en un homenaje global a los felinos y, más allá de la anécdota histórica, en una oportunidad para promover la adopción responsable.
Sin embargo, en Colombia la conmemoración contrasta con una realidad compleja. De acuerdo con un estudio de la Fundación Affinity, en el país hay alrededor de 4,5 millones de gatos. De ellos, 2,7 millones cuentan con un hogar, mientras que cerca de 1,8 millones viven en condición de calle, abandono o bajo esquemas de rescate. La cifra no solo revela una brecha significativa en términos de bienestar animal, sino que pone sobre la mesa una discusión estructural sobre cultura de tenencia responsable, políticas públicas y educación ciudadana.
Más adopciones, pero también más abandono
El gato ha ganado terreno en los hogares colombianos durante la última década. Factores como la urbanización acelerada, el crecimiento de hogares unipersonales y la percepción de que los felinos requieren menos espacio y mantenimiento que los perros han impulsado su popularidad. El llamado gato criollo o mestizo —sin pedigree y generalmente adoptado de la calle— es el más común en el país, seguido por razas como el bengala, reconocido por su pelaje similar al de un leopardo, y el persa, apreciado por su apariencia elegante y temperamento tranquilo.
Pero el aumento en la preferencia no siempre se traduce en adopciones responsables. Organizaciones animalistas advierten que la compra impulsiva, la falta de esterilización y el desconocimiento sobre las necesidades etológicas del gato terminan alimentando el ciclo de abandono.
El contraste es evidente: mientras en redes sociales se multiplican las imágenes de gatos celebrados como miembros de la familia, miles sobreviven en entornos hostiles, expuestos a enfermedades, maltrato y reproducción descontrolada.
El costo real de integrar un gato al hogar
Adoptar no es solo un acto de buena voluntad; implica compromiso económico y adaptación del entorno. La médica veterinaria Sandra Castelblanco, líder de Innovación y Proyectos de la marca Gabrica, insiste en que no se trata de transformar por completo la vivienda, sino de realizar ajustes clave que garanticen bienestar.
Entre las recomendaciones básicas están habilitar un espacio tranquilo para el descanso, ubicar el arenero lejos del área de alimentación, asegurar ventanas y balcones para evitar caídas y ofrecer rascadores o superficies en altura que permitan al gato desarrollar conductas naturales como trepar y afilar sus uñas. También se aconseja minimizar ruidos fuertes y cambios bruscos en la rutina, ya que los felinos son especialmente sensibles a las alteraciones del entorno.
El costo inicial de adecuación puede oscilar entre 300.000 y 600.000 pesos, incluyendo arenero, cama, comederos, rascador y elementos de seguridad. A esto se suma un gasto mensual estimado entre 120.000 y 250.000 pesos para alimentación, arena sanitaria y cuidados básicos. Son cifras que, aunque pueden variar según la ciudad y el estilo de vida del propietario, reflejan que la adopción implica planificación y estabilidad financiera.
Salud y prevención: más allá de la estética
La discusión sobre bienestar también abarca aspectos menos visibles. Castelblanco advierte sobre el uso de plásticos que contienen bisfenol A, una sustancia que podría representar riesgos para la salud. La recomendación es optar por recipientes de acero inoxidable o cerámica y mantener limpias las superficies donde el animal descansa.
Estos detalles evidencian que la tenencia responsable va más allá de la alimentación o el afecto: involucra decisiones informadas sobre materiales, higiene, vacunación y esterilización.
Un desafío cultural y de política pública
El dato de 1,8 millones de gatos sin hogar no es menor. Implica retos en salud pública, control poblacional y protección animal. Las alcaldías han impulsado jornadas de esterilización, pero expertos coinciden en que el problema exige una estrategia sostenida que combine educación, incentivos a la adopción y sanciones efectivas contra el abandono.
Además, la informalidad en la comercialización de animales de raza y la falta de regulación estricta en criaderos agravan la situación. Mientras exista demanda sin criterios responsables, el abandono seguirá siendo una consecuencia previsible.
Celebrar con responsabilidad
El Día Internacional del Gato, inspirado en la historia de Socks, no debería limitarse a publicaciones conmemorativas. La fecha invita a reflexionar sobre la brecha entre quienes celebran a sus mascotas y aquellos animales que sobreviven sin protección.
Colombia enfrenta el desafío de transformar la empatía momentánea en acciones concretas: adoptar en lugar de comprar, esterilizar para prevenir camadas no deseadas y asumir que un gato puede vivir más de 15 años bajo cuidado humano.
En un país donde casi dos millones de felinos no tienen hogar, la celebración cobra un matiz distinto. No es solo un homenaje simbólico, sino un recordatorio de que la responsabilidad colectiva es la única vía para que la cifra de abandono deje de crecer y el vínculo entre humanos y gatos se base, verdaderamente, en el bienestar y el compromiso a largo plazo.
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